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lunes, 14 de noviembre de 2011

A la búsqueda de Bob

Hace ya dos años, cómo pasa el tiempo, cuando nos planteamos el viaje a Sudáfrica incluyendo el “baño” en jaula con el gran tiburón blanco lo primero que preguntamos era si había que tener algún tipo de titulación de buceo. En ese momento nos dijeron que no. Una vez allí, visto cómo era, estaba claro que no hacía falta. No había equipo autónomo. Sólo un traje de neopreno, una máscara y un tubo. Para hundirse te daban un cinturón de plomos y ya te encargabas tú de agarrarte a los barrotes para obligarte a bajar.

De cualquier manera nos surgió la duda, la pregunta de si merecería la pena sacarse el título por si en algún otro de nuestros viajes había más cosas que ver bajo el agua, sin descuidar nunca la superficie que es nuestro hábitat natural.

Hemos necesitado dos años (lesiones, viajes, complicaciones varias… ) para empezar. Sólo empezar. Este fin de semana hemos dado el primer paso: el primer fin de semana en aguas confinadas (vamos, en piscina), junto con el examen teórico. El examen teórico se ha superado pero la parte física está dando más quebraderos de cabeza, nunca mejor dicho. Mi habitual congestión nasal, unida a mi faringitis crónica, parece que se puede convertir en un obstáculo. Ayer ya volví con la cabeza como en una burbuja y esta mañana no se había recuperado del todo cuando ya había que volver a entrar.

Si la cabeza sigue en esta línea de presión y la nariz tapada Bob puede estar tranquilo porque será difícil que encuentre su casa debajo del mar… De todas formas seguiré intentándolo y el primer paso será el fin de semana que viene que nos vamos a Calpe a probar la inmersión en aguas abiertas.

¿Algún buceador entre el público con alguna sugerencia?

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