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jueves, 7 de agosto de 2008

San Petersburgo (III)

A la mañana siguiente decidimos aprovechar para ver los alrededores de San Petersburgo, y fuimos al Palacio de Peterhof, en Petrodvorec. Para llegar hasta allí hay que tomar un ferry o un autobús. Nos decantamos por el ferry que sale en la orilla del Neva que está detrás del Ermitage.

Cuando llegas al embarcadero tienes que pagar por salir de allí y entrar en el jardín. El jardín es espectacular plagado de fuentes enormes y palacios, al más puro estilo La Granja del San Ildefonso, pero a lo grande. Para entrar en el palacio principal tienes que volver a pagar, y no se podían hacer fotos (estos rusos y su manía de no dejarte entrar con cámaras, en realidad sí que se puede pero tienes que pagar una entrada extra para la cámara...)

Desde el embarcadero un camino te lleva de frente a la gran cascada. Una enorme fuente con 225 esculturas de bronce dorado, formada por 64 fuentes (datos sacados de la guía, porque no nos pusimos a contarlas).


Situada delante de la gran cascada se encuentra otra fuente con Sansón abriendo las fauces del un león. Como gran parte de las imágenes en Rusia simboliza el triunfo contra los turcos... pelín obsesionados con los turcos en aquella época. Como bien aclara Bel en su comentario la estatua representa la victoria de Rusia frente a Suecia en la batalla de Poltava, que se libró el 27 de junio de 1709, en el día de San Sansón. Y como el león forma parte del escudo nacional de Suecia, el sentido alusivo del grupo escultórico es evidente.


Al lado del gran palacio hay una pequeña iglesia.


Todo el lugar está lleno de espectaculares fuentes, estanques y palacetes.


Incluso hay una de Eva y otra de Adán colocadas simétricamente respecto a la gran cascada. Y una zona de fuente sorpresa para que la gente pueda mojarse.


A la vuelta a la ciudad nos encaminamos a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, situada en una isla en la desembocadura del Neva, detrás de la fuente (sí, está en mitad del río).


Dentro de la catedral se encuentran varias tumbas de zares, con el símbolo del águila bicéfala.


La torre de la catedral está coronada por una cruz, como era de esperar, sobre una carabela rusa.


Las murallas de la fortaleza se llenan de rusos tomando el sol en cuanto éste aparece.


A la entrada de la fortaleza había un cartel con prohibiciones dentro del recinto la mar de curiosas.

La iglesia iluminada es Smol'nyj y no estoy nada seguro de que no fuera un efecto del sol al ponerse y del hecho de que sea el único edificio blanco en esa zona. También hay sinagogas en San Petersburgo (aunque la foto sea de una mezquita).


Nos dirigimos después al puerto de amarre del Kreiser Avrora, el crucero Aurora. Este crucero fue construido a finales del XVIII participó en varias guerras, pero por lo que ha hecho famoso fue porque, a su llegada a San Petersburgo, su tripulación se sublevó por la propaganda revolucionaria y, después de matar a los oficiales, lanzó la salva que inició el asalto al Palacio de Invierno (Ermitage).


Otra vista de la fuente en el Neva, y los coches para las fiestas por las noches blancas y, creemos que algo que ver con el fin del curso escolar o similar.


En plaza Birzevaja (Birzevaja Ploscad), la plaza de la bolsa, se encuentra este curioso sello en el suelo con la imagen de la plaza.


Esfinge de Tebas, son dos gemelas, situadas en la orilla del río. Compradas por un diplomático ruso, del reinado de Amenofis II 1450 y 1425 a.C. También hay otras dos pequeñas esculturas egipcias sobre las que hay que poner la mano por tradición para conseguir suerte. En ese momento estaba abarrotado de rusos así que lo dejamos para otro día.


El escenario para la gran fiesta estaba a punto de acabarse, la noche del día siguiente sábado 23 de junio de 2.007 era la noche de los conciertos. Después de la paliza andando por Peterhof nos fuimos pronto al albergue, la última foto de hoy es de las 00:20.


El diario completo aquí.

miércoles, 6 de agosto de 2008

San Petersburgo (II)

El segundo día comenzó temprano. Nos dirigimos al Ermitage. La entrada era totalmente caótica, las colas de gente en el interior esperando para comprar las entradas bloqueaban las puertas del museo. Los precios para rusos son menores que para los estudiantes extranjeros y los estudiantes rusos entran prácticamente gratis. A pesar del descontrol no tuvimos que esperar mucho para entrar.

La visita del Ermitage nos llevó más de siete horas, y no estuvimos más porque cerró y nos echaron. Por cierto, que nos echaron con el mismo símbolo de brazos que en Japón, cruzando los antebrazos formando una equis. El museo es impresionante, pero no está permitido entrar con cámara de fotos.

A las diez de la noche comienzan los atascos para cruzar el río. Los conductores de San Petersburgo llevan un horario en el que está la hora a la que se abre cada puente para saber qué puente está abierto en cada momento.



El almirantazgo, enorme edificio que se encuentra en el vértice de la tres grandes avenidas de San Petersburgo: Nevskij Prospekt, Gorohavaja Ulica y Voznesenskij Propekt, a continuación del palacio del Ermitage. En la actualidad es la sede de la Escuela Superior de la Marina de Guerra.


La catedral de San Isaac. Las cruces en las cúpulas, como en muchas iglesias ortodoxas, se encuentran encima de medias lunas árabes representando la victoria frente a los turcos. Aunque se ve la puesta de sol son las doce de la noche. Es una puesta de sol larga y después sigue habiendo luz durante otro par de horas por lo menos.



Sí, lo que se ve en la última foto es lo que parece. En mitad del río Neva hay una fuente.

Desde lo alto de la catedral se podía ver nuestro supuesto hotel, el Astoria. Teóricamente nos alojábamos aquí durante toda nuestra estancia en Rusia. Casi na'.


La estatua de Pedro I el Grande, fundador de la ciudad. Está muy cerca de la catedral.


Uno de los muchos canales - Reka Mojka -, en dirección a la catedral de San Nicolás, a la que llegamos a la una de la mañana, las noches blancas.


Barcas por los canales dirigiéndose al río Neva, a la gran fiesta de la apertura de los puentes.


Volviendo al río nos perdimos entre los canales por un barrio con un aspecto no muy recomendable. Otra perspectiva de San Nicolás y otra iglesia que nos encontramos. Estas fotos son de la una y media de la mañana.


De todas formas conseguimos llegar al Neva a tiempo de ver la subida del puente. La subida de los puentes señala el principio del verano y es tradición hacer fiestas y que la gente pasee junto al río esperando su subida. La sensación de ver esas moles levantarse para dejar pasar los barcos y la gente que se reúne para mirarlo, es impresionante. Fotos de la subida de Dvorcovyj Most.


El diario completo aquí.

martes, 5 de agosto de 2008

San Petersburgo (I)

En el aeropuerto de Berlín-Schönefeld hay una terminal entera para Germanwings, salen vuelos a casi toda Europa... y Asia (digan lo que digan de Rusia). También allí estaba el típico oso berlinés.



La siguiente parada después de Berlín era San Petersburgo, la ciudad fue fundada por Pedro el Grande en 1.703 (acababan de celebrar, como aquél que dice, su tercer centenario). Toda la ciudad está llena de palacios e iglesias de estilo europeo a diferencia del resto de Rusia. Ha cambiado de nombre muchas veces a lo largo de la historia: San Petersburgo, Petrogrado (1.919 - 1.924), Leningrado (1.924 - 1.991) y de nuevo San Petersburgo, por votación.

En junio, en el solsticio de verano del hemisferio norte, tiene lugar en San Petersburgo el fenómeno de las noches blancas. El sol no se pone completamente hasta las tres de la mañana y para poco después de las cuatro ya está saliendo de nuevo.

Llegamos a las 14:30 - un par de horas de vuelo, pero con el cambio horario quedan en cuatro -. Nada más llegar nos dimos cuenta de que Europa, lo que se dice Europa no era. Cogimos una especie de autobús local, quién quiere coger el shuttle para turistas pudiendo meterse a fondo en el país, en el aeropuerto que nos llevaba al centro. Todavía no sé cómo conseguimos montar porque allí nadie hablaba inglés, de hecho ni para cobrarnos casi nos entendíamos.

Poco antes del fin de trayecto pasamos frente a un enorme monumento circular en recuerdo del sitio alemán durante la segunda guerra mundial. Tomamos nota para volver otro día porque, cargados con las mochilas no era el momento. Después del autobús tuvimos nuestro primer contacto con el metro ruso. No hay varios tramos de escaleras mecánicas para bajar al andén, hay sólo uno todo lo largo que sea necesario y muy rápido.

El albergue era... bueno, había una cama y del baño mejor no hablar. Eso sí, hay que reconocer que estaba en pleno centro, a poco más de dos minutos andando del Ermitage. En la plaza estaban montando un escenario para la fiesta de las noches blancas, había varios por toda la ciudad.



Nuestra primera tarde se fue en la estación de trenes tratando de conseguir el billete para Moscú, cosa que no conseguimos después de horas de cola porque no quedaban plazas. Después de la lucha con la gente del albergue - que nos habían dicho que no habría problema en comprar el billete cuando llegáramos - y de que nos buscaran otro tren, salimos a dar una vuelta.

San Petersburgo se asienta en la desembocadura del Neva y tiene gran cantidad de canales interiores casi todos navegables. Debido al gusto de Pedro I por el estilo europeo algunos recuerdan a Venecia.



La ciudad se fundó en época de guerras y las primeras edificaciones fueron fortalezas y castillos. La fortaleza de San Pedro y San Pablo, en su interior se encuentra la catedral con las tumbas de los Romanov.



San Salvador, la única iglesia de cúpulas típicas rusas. En San Petersburgo todo es muy europeo, Pedro I, su fundador, mandó llamar a arquitectos franceses e italianos para diseñar sus palacios.



Hay gran cantidad de puentes que unen las dos orillas del Neva. En esas fechas para permitir el paso de los barcos hacia el mar los puentes se abren a partir de las dos de la mañana con una gran fiesta. Uno de los puentes sobre el Neva, el Trojckij Most, que lleva a la Marsovo Pole.


El jardín Letnij Sad, el jardín de verano del zar. En su interior se encuentra el monumento a I. A. Krylov, fabulista ruso - el pedestal en que se asienta está lleno de figuras de animales que eran los protagonistas de sus cuentos - y el palacio de verano de Pedro el grande. Las rejas son dignas de verse.


Otra vista del puente Trojckij Most, con la fortaleza de San Pedro y San Pablo al fondo.


Varios palacios de estilo europeo.


La plaza de las artes con el museo ruso y la estatua de Pushkin.


La Iglesia de nuestra señora de Kazan (muy similar, en cuanto al diseño, a San Pedro en el Vaticano). Estas fotos están hechas a las once de la noche.


Nuestro primer día no dio más de sí. A pesar de que el sol todavía estaba alto decidimos irnos a descansar para aprovechar la mañana del día siguiente. Sol hay hasta las tantas, pero los palacios y museos siguen cerrando a la misma hora.

El diario completo aquí.

lunes, 4 de agosto de 2008

Donde fueres, haz lo que vieres

Dependiendo de la zona o el país que se visite hay que tener en cuenta que las costumbres que se encontrará el viajero pueden ser completamente distintas a las que deja en su hogar. Muchas de esas curiosidades han sido recopiladas por el británico Mark McCrum en su libro: "Hacerse el sueco en las Antípodas: Manual de supervivencia para viajeros despistados" (Going Dutch Beijing). Para los que vayan a viajar dentro de poco...

  • En China no se paga a escote: es muy ofensivo, quien invita paga para todos.
  • En Japón el huésped no paga nunca nada, si tienes un amigo japonés y te invita a Japón te pagará todo, visitas guiadas y hoteles incluidos; no te debes servir el agua solo, hay que esperar que alguien se de cuenta de tu sed; hay que hacer ruido comiendo los fideos; no hay que coger los makis con palillos sino con las manos; no pidas mondadientes, usa los cubiertos/palillos; eructar es señal de haber apreciado la comida (el cocinero lo apreciará); si quieres reír tapate la boca: mostrar los dientes es de mala educación; también es de mala educación estornudar o sonarse la nariz en público, para hacerlo hay que alejarse del grupo y en las manos desnudas.
  • En Taiwan escupiendo en el plato se llama al camarero, que preguntará si sigues teniendo hambre; hay que hacer no con la cabeza para decir que sí; mueve las manos delante y detrás de la cabeza para decir que estás lleno.
  • En Marruecos para indicar que estas lleno sólo habría que chuparse los dedos.
  • En Brasil se indica con el gesto de OK con las manos.
  • En Holanda si durante la cena un comensal mueve la mano derecha detrás de la oreja está expresando agradecimiento por la comida.
  • No hay que tocar nunca la cabeza de un tailandés, ni la de un niño, se la considera el punto más sagrado del cuerpo y sería un sacrilegio. Sin embargo es la manera de saludar a los niños masai.
  • No hay que abrazar calurosamente en Oriente, donde también los besos en las mejillas se consideran una ofensa imperdonable.
  • En Arabia hay que evitar mirar a las mujeres embarazadas, sobre todo si se tienen los ojos azules, se consideraría mal de ojo.
  • En Alemania no mirar a los ojos de la persona con la que brindas trae siete años de desgracias sexuales.
  • Los árabes, como los chinos, para no admitir que no saben contestar, responderán cualquier cosa ante una pregunta, de manera que es mejor preguntar más de una vez.
  • En Rusia las flores amarillas son símbolo de odio y hostilidad.
  • En Perú las rosas se consideran horteras, mejor no regalarlas.
  • En Suecia y Polonia no se deben regalar claveles, son para los muertos.

viernes, 1 de agosto de 2008

Janeiro

En nuestra última visita a Portugal descubrimos que janeiro es una palabra portuguesa con un significado. No es sólo el nombre de una ciudad: São Sebastião do Rio de Janeiro o del río en cuestión: Río de Janeiro.

De acuerdo que para muchos será una cosa obvia y que apareceré como un ignorante al escribirlo, pero todo se va aprendiendo y nadie nace sabiendo.

Janeiro significa en portugués ni más ni menos que enero, y, mirando por la red, he encontrado el motivo por el que la ciudad se llama de esta manera (wikipedia dixit):
En el día de año nuevo de 1502 el navegante portugués Gaspar de Lemos, entró con su barco en una bahía en la costa brasileña. Confundió la bahía con la desembocadura de un río, y la llamó Río de Janeiro, que significa "Río de Enero".
En realidad la ciudad se fundó unos 65 años después, pero de este hecho es del que le viene el nombre.