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martes, 9 de febrero de 2010

Viaje confortable

Viajar es un placer, pero no lo es tanto el viaje en sí mismo. Llegar al destino siempre acaba por convertirse en una pequeña tortura (a no ser que se tenga dinero para viajar en business o en primera). Los coches conceden una cantidad de espacio muy variada, pero te permiten hacer tantas paradas como quieras para estirar las piernas o simplemente descansar.

Todas esas paradas para descansar se ahorran si no eres tú el que controla el viaje. Yendo en transporte público se puede aprovechar el tiempo de traslado para dormir, leer, mirar por la ventana o dejar la mente en blanco. Aunque es una ventaja también tiene su pega: no decides cuando parar.

Entre los transportes públicos, el que casi todo el mundo considera más incómodo es el autobús (será por eso que suele ser el más barato). La separación entre asientos suele ser más que en un avión, pero no se tiene la posibilidad de caminar un poco por el pasillo y cuando hacen falta unas pocas horas acaba por resultar agobiante. Caso aparte son los autobuses cama que son comparable únicamente con la clase business de los aviones, los de Perú son buena muestra de esto.

Uno de los más cómodos es el tren. Hay espacio entre los asientos, se puede pasear entre los vagones, el baño está disponible e incluso hay un restaurante. Además de las comodidades como un enchufe, una mesa plegable... (algunas de éstas ya están en los autobuses también, junto con wifi gratis en las zonas en las que hay cobertura móvil).

Los aviones, al ser lo más rápido, se consideran de los más cómodos, pero las compañías se han encargado de romper el mito. El espacio entre asientos es casi ridículo (para conseguir vender cuatro asientos más), las posibilidades de movimiento se reducen al mínimo con pasillos ínfimos siempre ocupados por carritos (servicio de comidas, servicio de duty free, ...), en un vuelo largo los baños van de mal en peor, además de que ya no se puede conseguir ni un miserable vaso de agua sin pagarlo.

En cualquier caso unos consejos para que el viaje en avión sea más cómodo:

  • No ingerir comidas flatulentas o pesadas desde el día anterior al viaje. Durante el vuelo se produce una pequeña reducción en la presión barométrica y en la presión parcial de oxígeno. Al disminuir la presión los gases intestinales tienden a expandirse y pueden causar molestias en el pasajero.
  • En el interior de un avión la humedad oscila entre un 10% y un 20%, más baja de lo normal. Esto puede provocar una sensación de sequedad en la piel y mucosas. Conviene beber agua y zumos durante el vuelo y evitar el alcohol y el café que tienen un efecto deshidratante.

2 comentarios:

Álvaro dijo...

Buenas:

Una comparación muy interesante. El verano pasado tuve que viajar a Málaga dos veces en el AVE y comodísimo. Por supuesto que el avión tarda menos, pero para los vuelos cortos, con tantas medidas de seguridad, paseos por la terminal, etc. se hace muy pesado a la par que al final tardas lo mismo.

Una recomendación que añadir a las acertadas que has mencionado respecto a los viajes en avión es para los que usamos gafas o lentillas. Si el vuelo va a ser largo (más de cinco horas, por ejemplo), las gafas son más cómodas sin duda porque los ojos se resecan mucho, a parte que si quieres echar una siestecita, las lentillas suelen ser molestas al despertar. Yo personalmente lo noto mucho, aunque todos somos diferentes, desde luego.

Un saludo

JAAC dijo...

Me encanta viajar en avión porque es obvio que es el mejor medio de transporte para ir lejos. Pero sí que, si no vas en primera, es de los más incómodos, sólo superado por un autobús de los normales (ya te digo que los cama son impresionantes).

Con la llegada del AVE los vuelos internos han tenido que notarlo. Coger el puente aéreo pudiendo ir en AVE... entre que llegas a Barajas y que luego sales de El Prat. Nada comparable a montar en Atocha y bajar en Sants.

Cierto lo de las lentillas, por ahora no las necesito, pero me lo apunto por si algún día me hacen falta. Por cierto, las recomendaciones eran de Iberia :-) en la revista del vuelo a Viena.