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miércoles, 5 de mayo de 2010

Henry "Box" Brown

El ser humano no está hecho para ser prisionero. Años de cárceles y muros han demostrado que todo el mundo trata de escapar por todos los medios.

Desde el ficticio Edmundo Dantés que escapaba ocupando el lugar del cadáver del abate Faria, hasta los alemanes del este tratando de cruzar el muro de Berlín saltándolo, excavando túneles, utilizando compartimentos secretos en coches o simplemente saltando el alambre de espino, como el soldado Hans Conrad Schumann. Ésta ha sido una de las fugas más famosas de la historia gracias a que Peter Leibing estaba ahí para tomar la foto del momento. La II Guerra Mundial fue una de las épocas más activas en cuanto a fugas e intentos.

En la actualidad se siguen produciendo: la frontera de Melilla, la frontera méxico-estadounidense,... Nunca un muro o una línea en un plano ha frenado la necesidad de libertad.

Pero una de la fugas más curiosas fue la protagonizada por Henry Brown. Nacido como esclavo en 1.815 en Virginia, alcanzó su libertad enviándose a sí mismo por correo a una asociación abolicionista en Filadelfia.

Cuando sus amos decidieron vender a su mujer y sus tres hijos a un tratante que los trasladó a Carolina del Norte. Henry decidió que logaría su libertad y reuniría a la familia. Ayudado por el tendero Samuel Smith consiguió su objetivo. Pagó 86 de los 166 dólares que tenía ahorrado para el envío. Se quemó la mano para tener un motivo para no ir a trabajar. Y se metió en una caja durante 27 horas en las que viajó en carreta, en tren y en barco de vapor.  De ahí el nombre por el que se le conoció: Henry "Box" Brown (Box es caja en inglés, enlace en inglés).

El paquete fue recogido por miembros del Comité de Vigilancia de Filadelfia. Se dice que Brown recitó un salmo de la Biblia que tenía preparado para la ocasión. Tras años de activista contra la esclavitud tuvo que huir a Inglaterra al ser aprobada la ley de esclavos fugitivos de 1.850. Algunos miembros del comité le reprocharon que "presumiera" tanto de su ingenio para escapar, haciendo imposible que otros esclavos pudieran seguir su ejemplo.

En Inglaterra acabaría por trabajar de cualquier cosa para poder sobrevivir y casándose de nuevo.

Acabó por regresar a Estados Unidos, pero nunca más volvió a ver a su mujer y sus hijos.

Antonio Carlos Santos de Freitas tomó su apellido como homenaje en su nombre artístico: Carlinhos Brown.

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