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martes, 18 de octubre de 2011

Matrimonio

La RAE sigue manteniendo en su definición de matrimonio la idea de que es la unión de un hombre y una mujer concertada mediantes determinados ritos o formalidades legales. No ha aceptado todavía, y quién sabe por cuánto tiempo, el hecho de que también es la unión de dos hombres o de dos mujeres…

Los romanos ya consideraban el matrimonio como un contrato, aunque en su caso era entre dos familias en lugar de entre dos personas (aquí hemos avanzado lo justo). La idea era formalizar las relaciones sexuales continuadas, con voluntad de convivencia y de vida en común. Sólo los ciudadanos romanos podían formalizar esta relación. Ya en aquella época, la existencia de un matrimonio anterior impedía la formalización de un nuevo contrato. Tampoco estaban permitidas las uniones entre parientes. Otras limitaciones, ya superadas, incluían que la mujer adúltera no se podía casar con su amante y que la viuda no podía volver a casarse hasta pasados diez meses de la muerte de su marido (evitando dudas sobre la posible paternidad de sus hijos).

Hasta la llegada del cristianismo el divorcio estaba permitido y regulado. Se podía alegar adulterio, ex iusta causa; bona gratia, situaciones sin culpable como impotencia, esterilidad, etc.; sin causa, sine causa; y de mutuo acuerdo, communi consensu.

Toda la finalidad del contrato era mantener la ciudadanía de los hijos resultantes de la unión.

Vía: Historiaclasica.com

Libro relacionado: Historia del matrimonio. Cómo el amor conquistó el matrimonio; Stephanie Coontz